Nariño en Antioquia: Nuevamente Bajo Fuego

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Hoy amaneció el Municipio de Nariño, en el Suroriente Antioqueño, en limites con Caldas, sin transporte y sin comercio por cuenta de la orden de un grupo armado ilegal que, a través de llamadas, informó a los comerciantes y transportadores que durante este fin de semana no podían abrir los negocios y ni movilizarse por las vías. Muy a pesar del comunicado de la comandancia de las AGC que desmentía un nuevo paro en el territorio nacional.

El terror de la población vuelve a sentirse después de veinte años, y cuando el horror del conflicto se creía ya superado en lo que fuera el santuario del Frente 47 de las FARC y cuyos recuerdos de dolor aún se sienten en una población que padeció el accionar de este grupo armado y la ausencia del Estado que los abandono a su suerte.

Ya lo habíamos alertado de tiempo atrás cuando, en varias oportunidades, lanzamos alertas tempranas sobre la presencia de un nuevo grupo armado en la zona, pero nuestra voz, no sólo no fue escuchada, sino que por parte de las autoridades municipales fue desmentida en varias oportunidades.

La Vereda Santa Rosa, donde dos décadas atrás se encontraba uno de los campamentos centrales de las FARC, vuelve hoy a ser el albergue de este nuevo actor ilegal que cuanta ya con unos treinta hombres armados, que se mueven entre Nariño en Antioquia y Buena Vista en Caldas y que intimidan y aterrorizan a la población civil y, poco a poco, copan militarmente la región.

Los asesinatos selectivos que se han presentado en los últimos meses, los rayones a las escaleras la semana pasada con las siglas de las AGC y las llamadas intimidatorias de ayer a los comerciantes y conductores que paralizaron hoy a ese municipio son, sin ninguna duda, una demostración no solo de la presencia de este actor ilegal, sino de su poder militar.

Hoy existen nuevamente sembrados de hoja de coca en esa región del Suroriente y también al otro lado en el Departamento de Caldas. Sin embargo, en varios consejos de seguridad con las autoridades militares y de policía, con los mandatarios locales y sus secretarios de gobierno, se ha minimizado el impacto real de esta presencia y de las alertas de los Medios de Comunicación y las organizaciones de Derechos Humanos.

Es tan grave la situación que: “Ya hay que informarle a este grupo que carros van a bajar del casco urbano de Nariño y cuantas personas se van a movilizar para no correr con peligro”, nos dice un campesino de la zona que nos pide no dar su nombre por temor de que tomen represalias contra su vida.

Y claro que esa presencia no es solo en Nariño, sino también en Sonsón en los ríos verdes y Argelia por la vereda Villeta, existe presencia de armados ilegales que vuelven a dejar al descubierto la ineficacia del Estado y su Fuerza Pública en garantizar la vida y bienes de las comunidades, pero también vuelve a aflorar los miedos de una población que vuelve a ser víctima del terror y el dolor de las acciones atroces de los grupos armados ilegales.

Esperemos que esta vez el Estado no vuelva a abandonar a estas comunidades y no sean revictimizadas nuevamente, en un territorio cuya economía hoy se sustenta en el turismo y la agricultura.

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