La firma de la Declaración del Oriente Antioqueño por el futuro del territorio por parte de los alcaldes y alcaldesas de la región representa un hito histórico en la manera de concebir el desarrollo regional en Colombia. Este acto, realizado en el nuevo auditorio de la Cámara de Comercio y convocado por Cornare, no es solo un documento administrativo, sino un compromiso político, ambiental y social que reconoce al Oriente Antioqueño como una región integrada: 23 municipios, cuatro subregiones y un solo territorio, aunque la jurisdicción de Cornare aumenta a 26 municipios con San Roque, Santo Domingo y Puerto Triunfo, con una riqueza natural compartida y un destino común. Pensarse como región implica superar la lógica fragmentada del desarrollo municipal, o de solo ocho municipios, y asumir, de manera colectiva, los retos y oportunidades del presente y del futuro para todo el Oriente Antioqueño.
Uno de los mayores aportes de esta Declaración es la posibilidad de planificar el territorio más allá de la individualidad de cada municipio, o de cada subregión, y de los intereses urbanizadores que históricamente han presionado por un crecimiento acelerado y desordenado. Al proyectar el desarrollo ambiental hacia el año 2040 de forma ordenada, concertada y definida, la región da un paso decisivo hacia un modelo de sostenibilidad que prioriza la protección de los ecosistemas, el equilibrio entre lo urbano y lo rural y la calidad de vida de sus habitantes que cierre las brechas sociales de los municipios más periféricos. Esta visión de largo plazo reconoce que el crecimiento no puede medirse únicamente en términos de expansión urbana o aumento poblacional, sino en la capacidad del territorio para sostener la vida con calidad en todas sus formas.
En este sentido, la Declaración también tiene un claro significado político. Al cerrar el paso a la imposición de un Área Metropolitana del Oriente (AMO) que pretendía expandir la malla urbanizable hasta 80 kilómetros y aumentar la población de manera desbordada hasta los dos millones y medio de habitantes, los mandatarios locales asumieron una postura firme frente a un modelo de desarrollo que respondía más a los intereses de ciertos sectores políticos y urbanizadores que a las necesidades reales del territorio. La negativa a este proyecto no es un rechazo al desarrollo, sino una defensa de un desarrollo responsable, acorde con la capacidad ambiental y social de la región.
Esta Declaración es la consecuencia lógica del reclamo ciudadano expresado en la Maratón de Voces, una movilización pública, a través de las redes sociales de Oriéntese Periodismo de Opinión, que logró frenar el proyecto de Área Metropolitana que se pretendía imponer sin una verdadera concertación regional. La participación activa de la ciudadanía demuestra que el futuro del Oriente Antioqueño no puede definirse a espaldas de sus habitantes. Por el contrario, debe construirse desde el diálogo, la escucha y el reconocimiento de que el territorio es un bien común. La Declaración del Oriente Antioqueño, no solo marca un precedente en la planificación regional, sino que se consolida como un ejemplo de gobernanza democrática y de defensa colectiva del futuro ambiental y social de la región.
Esta declaración debe ser acompañada de una constituyente ciudadana en cada uno de los municipios y en todas las subregiones del Oriente Antioqueño, de manera que la ciudadanía no solo la legitime, sino que la haga propia a través de mecanismos permanentes de participación, deliberación y control social. Solo así será posible construir propuestas contundentes de región que traduzcan los principios del documento en acciones reales y sostenidas en el tiempo, fortaleciendo una visión colectiva del territorio. Esta apropiación ciudadana es, además, la mejor garantía para cerrar el paso, de una vez por todas, a nuevas intentonas de fragmentar la región en función de beneficios particulares de políticos y urbanizadores, y para consolidar un proyecto regional basado en el interés común y el respeto por el territorio.
