El Oriente antioqueño no es un bloque monolítico, pero tampoco puede seguir siendo visto como una suma de piezas aisladas. Como periodista que ha acompañado los procesos sociales de esta región por más de tres décadas, entiendo que nuestro papel es ser un puente entre las necesidades del territorio y las soluciones institucionales. Bajo esa premisa, nos sentamos a conversar con Javier Valencia González, director de Cornare, en un ejercicio de reflexión sobre la identidad y la supervivencia de nuestra casa común.

La unidad territorial: El Oriente no es una «parcecita»
Durante la entrevista, insistí en una premisa que ha guiado mi labor profesional: «El Oriente antioqueño es uno, no una partecita». Esta afirmación es un llamado de atención frente a las intenciones de ciertos sectores de priorizar solo las zonas con mayores recursos, dejando en la periferia a los municipios que más apoyo necesitan. No podemos permitir que el desarrollo se concentre en unos pocos mientras se olvida a quienes más lo necesitan.
Javier Valencia, por su parte, reforzó esta idea con una analogía poderosa: el Oriente es como una mano donde cada subregión es un dedo vital. Si permitimos que se aísle a los municipios más alejados, la región entera queda «mocha».
Planear hoy para no perderlo todo mañana
La urgencia de la planeación estratégica fue el eje central de este encuentro. La advertencia del director de Cornare fue directa: «Si no planeamos, esto se nos va a perder». No se trata simplemente de proyectar el crecimiento urbano, sino de decidir con criterios técnicos y sociales qué tipo de desarrollo queremos para evitar que la esencia del Oriente desaparezca.
Como medio independiente, en Oriéntese hemos visto cómo la movilización ciudadana ha sido el único freno efectivo contra propuestas leoninas. La planeación debe ser un compromiso real con las próximas generaciones, no un negocio de oficina.
Participación incidente: «Con todos y en todas partes»
Un concepto que Javier Valencia ha impulsado en su plan institucional y que resaltamos en este episodio es el de la participación real. Su filosofía es clara: trabajar «con todos, en todas partes, no para informarles, sino para que participen».
Esta visión coincide con nuestra misión en Oriéntese: formar ciudadanías críticas. Solo cuando la comunidad participa de manera incidente se logra construir una verdadera licencia social para los proyectos que el territorio reclama.
Hacia un futuro de vigilancia y esperanza
Iniciamos esta nueva etapa de Oriéntese Podcast con la convicción de que el debate contundente es el único camino. Seguiremos siendo la voz que denuncia los excesos del poder, pero también el espacio que visibiliza las soluciones que nacen del diálogo.
El compromiso está sellado: acompañar al territorio con ética, reconstruyendo la memoria histórica y asegurando que las mejores condiciones de vida sean para todos, y no para unos pocos. El Oriente es de su gente y su futuro depende de que hoy nos atrevamos a planearlo juntos.
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