El Ingeniero, el Músico y la Crítica al Desarrollismo
Carlos Arturo Botero, con la doble identidad de ingeniero de la Universidad Nacional y músico de la Universidad de Antioquia, se suma a las voces que claman un «NO rotundo» al Área Metropolitana (AMO) en el Oriente Antioqueño. Su análisis, centrado en los aspectos agroambientales, desmantela la visión política de crecimiento y la cataloga como «desarrollismo» , una figura que acelera la pérdida del sector rural.

Botero advierte que este modelo no tiene en cuenta la realidad del campo. La Unión es un ejemplo de que el verdadero desarrollo no requiere este impulso urbanístico:
- Modelo de Desarrollo Genuino: El sector agrario de La Unión ha sido históricamente capaz de generar desarrollo, desde la agricultura de subsistencia hasta producciones netamente industrializadas y con potencial exportador.
- Pleno Empleo Sostenido: El municipio ha logrado tener casi siempre pleno empleo. Su capacidad ha sido tal que ha sostenido su propia mano de obra y atraído más, generando desarrollo alternativo sin depender de la política de turno.
El líder señala que la gran falencia del sector rural es la falta de una asistencia técnica objetiva y ética, que no sea la que está únicamente para vender pesticidas. Esta carencia, combinada con la falta de conciencia de los administradores públicos que creen que la asistencia técnica debe ser provista por las casas comerciales , se agravará con la urbanización desbordada. Para él, la propuesta del Área Metropolitana es un «sombrero de un mago» que promete soluciones mágicas a problemas que son inherentes al crecimiento acelerado e insostenible.
La Amenaza del Cemento y el Desarraigo
La principal alerta de Carlos Arturo Botero es la amenaza ambiental inminente. Históricamente, las civilizaciones prosperan en los valles con las mejores tierras y el agua disponible para los cultivos. Sin embargo, cuando el crecimiento se exagera y se cae en el error de la supuesta industrialización, el daño es irreparable.
En el Oriente, esta exageración tiene una consecuencia directa y trágica:
«Nuestros suelos quedan sepultados en el cemento, que es en últimas, la intencionalidad que hay por detrás de este amo y es crear una selva de cemento».
El ingeniero recuerda con preocupación que los suelos más fértiles del Oriente Antioqueño fueron urbanizados para convertirlos en centros comerciales en Llano Grande. La AMO replicaría este error al sepultar los suelos productivos de La Unión, municipio que goza de una ecología y piso térmico diferente al Valle de San Nicolás. El campesino, que carece de quien «hable por él», será el principal afectado.

El resultado de esta aceleración no es otro que el desplazamiento. Carlos Arturo Botero, quien ha sido desplazado, enfatiza que el desarrollo acelerado obliga al campesino a un nuevo desarraigo:
«Hay una cosa que es muy difícil de perdonar: el desarraigo. Cuando me desplacen de ahí yo me quedo sin arraigo, sin cultura, sin raíces. Eso es de las peores cosas que le puede, que le puede pasar a un ser humano».
El voto es, por lo tanto, una cuestión de supervivencia y dignidad. La Unión debe preservar su identidad agraria, sin caer en la trampa de los extremismos políticos. Botero, sin banderas de partidos, invita a votar rotundamente NO al AMO para preservar el arraigo y la cultura. El mensaje a los demás municipios es claro: la defensa es por el territorio, la identidad y la cultura.
