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EDITORIAL/DESDE EL DESAYUNO SE SABE LO QUE SERÁ EL ALMUERZO

Desde tiempos antiguos, los abuelos han transmitido refranes que condensan la sabiduría popular y la experiencia colectiva. Uno de ellos afirma que: “Desde el desayuno se sabrá lo que va a ser el almuerzo”, una frase que sugiere que las acciones presentes permiten anticipar el futuro. En política, esta expresión cobra especial relevancia, porque las…

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Desde tiempos antiguos, los abuelos han transmitido refranes que condensan la sabiduría popular y la experiencia colectiva. Uno de ellos afirma que: “Desde el desayuno se sabrá lo que va a ser el almuerzo”, una frase que sugiere que las acciones presentes permiten anticipar el futuro. En política, esta expresión cobra especial relevancia, porque las conductas de quienes aspiran al poder suelen convertirse en señales claras de cómo ejercerán la representación pública. Cuando la política se fundamenta en la exageración, la manipulación o el engaño, el futuro democrático de una comunidad queda seriamente comprometido.

Un caso que ha despertado debate ciudadano es el del hoy Representante a la Cámara por Antioquia, Gregorio Orjuela, elegido con 92.590 votos bajo el aval del Centro Democrático. Durante su campaña política, una de las estrategias utilizadas consistió en presentar como gestión propia las inversiones realizadas por la Gobernación de Antioquia en diferentes municipios. Particularmente en Marinilla, donde obtuvo 2.006 votos. Durante una entrevista concedida al Canal Local del municipio, expresó textualmente: “Hoy el equipo que lideran varios amigos desde hace muchos años, el doctor José Manuel González y Miguel Gómez, se consolida en la mayor fuerza política de este municipio. Más de 2 mil votos los confirman como los grandes dirigentes que tiene ese territorio. Seguiremos trabajando, como lo hemos venido haciendo hace muchos años, alrededor de casi 60 mil millones de pesos, una gestión que ha liderado nuestro gobernador, de la mano de estos dos dirigentes que tanto amor tienen por esta tierra”.

Las palabras del recién elegido Representante no pasaron desapercibidas. Como era natural, la ciudadanía comenzó a preguntar cuáles eran esos supuestos proyectos por cerca de 60 mil millones de pesos anunciados para Marinilla. Sin embargo, ocurrió lo que otro viejo refrán anticipa: “Más rápido cae un mentiroso que un cojo”. La propia Gobernación de Antioquia desmintió públicamente la afirmación y aseguró de manera contundente que: “La Gobernación de Antioquia no tiene ningún proyecto por valor de $60.000 millones para el Municipio de Marinilla”.

Este episodio deja al descubierto una práctica política profundamente cuestionable: utilizar información imprecisa o exagerada para conquistar el respaldo popular. La gravedad del asunto no radica únicamente en una cifra inventada mentirosamente, sino en el daño que este tipo de actuaciones produce sobre la confianza ciudadana. La democracia se sostiene sobre la credibilidad de las instituciones y de quienes ejercen liderazgo público; cuando un dirigente recurre a afirmaciones engañosas para obtener votos, erosiona el vínculo entre el elector y la política.

Además, las consecuencias afectan directamente a los municipios involucrados. En lugares como Marinilla, los ciudadanos terminan exigiendo explicaciones y reclamando inversiones que nunca existieron oficialmente. Esto genera frustración, división y desconfianza hacia las administraciones locales, que deben enfrentar expectativas construidas sobre anuncios políticos sin sustento real.

Sobre esas afirmaciones, posteriormente desmentidas por la misma Gobernación de Antioquia, y respaldado además por la importante votación obtenida por el Representante Gregorio Orjuela, el exconcejal John Deibi Arbeláez decidió dar un paso más y, en la misma entrevista concedida al canal local de televisión, lanzó por anticipado candidatura a la Alcaldía de Marinilla y su propia aspiración al Concejo Municipal por el Centro Democrático. Este hecho generó aún más cuestionamientos entre sectores ciudadanos, que consideran preocupante que un proyecto político construido sobre anuncios posteriormente desmentidos pretenda ahora consolidarse como alternativa de gobierno municipal, utilizando como plataforma electoral promesas e inversiones cuya veracidad fue puesta en duda por las propias autoridades departamentales.

La política debería ser el escenario de la verdad, la transparencia y el servicio colectivo. Los representantes elegidos tienen la responsabilidad ética de informar con rigor y actuar con honestidad frente a las comunidades que depositan en ellos su confianza. Cuando la búsqueda del poder se impone sobre la verdad, la democracia deja de ser un instrumento de participación ciudadana y se convierte en un ejercicio de manipulación emocional.

Por eso, el viejo refrán de los abuelos conserva plena vigencia. “Desde el desayuno se sabrá lo que va a ser el almuerzo” significa que las pequeñas acciones permiten anticipar grandes consecuencias. Si desde la campaña política se recurre a anuncios engañosos y a la apropiación indebida de gestiones públicas, es legítimo que la ciudadanía se pregunte qué puede esperar en el ejercicio del cargo. La democracia necesita dirigentes comprometidos con la verdad, porque solo así podrá construirse una relación honesta entre el Estado y la sociedad.

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