Buen periodismo, antídoto contra la desinformación

Por Juan Gonzalo Betancur B. Periodista, profesor Universidad EAFIT Vivimos en el tiempo de la desinformación, de la mentira masiva, del engaño bien planificado. Ese veneno llega en cantidades alarmantes a domicilio, sin que lo hayamos pedido, incluso directamente a nuestro celular en forma de ciertos mensajes de Whatsapp y publicaciones en redes sociales. Lo…

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Por Juan Gonzalo Betancur B.

Periodista, profesor Universidad EAFIT

Vivimos en el tiempo de la desinformación, de la mentira masiva, del engaño bien planificado. Ese veneno llega en cantidades alarmantes a domicilio, sin que lo hayamos pedido, incluso directamente a nuestro celular en forma de ciertos mensajes de Whatsapp y publicaciones en redes sociales.

Lo más grave es que también se presenta en forma de artículos que llevan la máscara de noticias o reportajes que aparecen publicados incluso en los que, en otro tiempo, fueron importantes medios de comunicación.

Lo que alguna vez muchos soñaron como una época en la que la democratización de las tecnologías iba a permitir que la información estuviera al alcance de todos, al servicio de todos, terminó mostrando una cara distinta: ahora opera también en contra de todos.

Por eso hoy dudamos de tanta información que recibimos y nos preguntamos con frecuencia: eso que vemos o nos llegó, ¿será cierto o no?

La verdad se convirtió en un bien esquivo, extraño, un ideal que se busca y se reclama para la cantidad de cosas que vemos y leemos a diario. Pareciera que la verdad se volvió una utopía, pues se busca a sabiendas de que nunca se alcanzará y menos en esta era que atravesamos de la desinformación.

Igual pasa con la credibilidad de los medios que la difunden. Ella dejó de ser el valor supremo por el que trabajaban sin descanso muchos periodistas y medios en Colombia, ahora caídos en la desgracia de ser cajas de resonancia de intereses oscuros que mueven sus hilos desde la sombra con la intención de torcer la opinión de la gente hacia sus propósitos individuales.

Ante eso, hoy más que nunca reclamamos una ética civil de la comunicación, una práctica informativa que devuelva el manejo de la información a lo que tiene que ser: un bien común al servicio de los individuos y de la sociedad en su conjunto.

Hoy, quizá como nunca antes, el buen periodismo y el manejo responsable, equilibrado y justo de los insumos de la comunicación tiene que valorarse, defenderse y apoyarse.

Ante esta avalancha de mensajes manipulados, engañosos e incompletos, como ciudadanos también debemos tomar partido en defensa de la verdad y condenar a todos los que intoxican las mentes con esos métodos repudiables.

Luchar por un periodismo serio, responsable y oportuno ­es una buena forma de contrarrestar las “fake news”, esas noticias falsas que pululan por todos lados y que nos tienen viviendo en esta especie de reino nefasto de la duda informativa.

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