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OPINIÓN/Qué vergüenza: la falta de concertación social y participación ciudadana la pretenden imponer con fallo de tutela.

La suplantación del alcalde de Marinilla es un acto ilegal En el Oriente Antioqueño, una región marcada por la resistencia comunitaria, la defensa del territorio y la búsqueda constante de un desarrollo equilibrado, se libra hoy una nueva batalla: la imposición del Área Metropolitana del Oriente (AMO) sin una verdadera concertación social. Lo que debería…

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La suplantación del alcalde de Marinilla es un acto ilegal

En el Oriente Antioqueño, una región marcada por la resistencia comunitaria, la defensa del territorio y la búsqueda constante de un desarrollo equilibrado, se libra hoy una nueva batalla: la imposición del Área Metropolitana del Oriente (AMO) sin una verdadera concertación social. Lo que debería ser un proyecto de integración regional y fortalecimiento institucional se ha convertido en una muestra lamentable de cómo los intereses económicos y políticos pueden imponerse sobre la voluntad popular y la historia de las comunidades.

Resulta vergonzoso que, en pleno siglo XXI, se pretenda legitimar un proyecto de tal magnitud no a través de la participación ciudadana ni del diálogo democrático, sino mediante una acción de tutela. Este mecanismo jurídico, está siendo instrumentalizado como un atajo legal para avalar un proyecto que carece de legitimidad social. En vez de abrir espacios de discusión, escuchar las voces de los habitantes y reconocer las particularidades de cada municipio, algunos actores políticos y urbanizadores pretenden que una decisión judicial sustituya la deliberación pública y el consenso ciudadano.

La juez que decidió sobre este asunto enfrenta una responsabilidad enorme: no solo jurídica, sino también histórica y ética. Sin embargo, preocupa profundamente que dicha decisión se haya tomado sin conocer a fondo las luchas, los procesos comunitarios y las dinámicas territoriales que han forjado el carácter del Oriente Antioqueño. La historia de esta región no se puede borrar con un fallo; está escrita en las movilizaciones campesinas, en la defensa del agua, en la planeación participativa y en los esfuerzos de los ciudadanos por construir un territorio más justo y sostenible.

Imponer el AMO de esta manera equivale a condenar al Oriente Antioqueño a una planificación ajena a sus realidades, donde los intereses urbanísticos y financieros primen sobre la vida rural, la cultura local y el equilibrio ambiental. Bajo la fachada de un modelo de integración regional, se esconde la intención de consolidar un gran negocio inmobiliario que transformaría el territorio en función de los mercados y no de las comunidades. Lo que está en juego no es solo una figura administrativa, sino el modelo de desarrollo que se proyecta para las próximas décadas.

Mucho más grave resulta que, para la interposición de la tutela, se haya utilizado el nombre del alcalde de Marinilla Julio Serna sin su consentimiento y que su firma haya sido presuntamente falsificada. Este hecho, de comprobarse, no solo constituye una falta ética de enormes proporciones, sino que convierte el proceso en un acto abiertamente ilegal, vulnerando los principios básicos de la buena fe y de la transparencia en los procedimientos judiciales. Manipular el nombre y la investidura de una autoridad local para obtener ventajas en una causa política o económica es una afrenta a la institucionalidad y una señal alarmante del nivel de corrupción y desesperación que rodea la imposición del AMO.

Se equivocan quienes, como impulsores del AMO, creen que la ciudadanía no está preparada para derrotar esos intereses nefastos en las urnas. Se equivocan quienes piensan que pueden torcer la voluntad popular mediante presiones ilegales sobre contratistas y funcionarios, prometiendo inversiones irreales a los municipios y utilizando bodegas prepago de comunicación para manipular la opinión pública. El pueblo del Oriente Antioqueño ha demostrado una y otra vez su conciencia cívica, su capacidad de organización y su dignidad. No es una ciudadanía pasiva ni manipulable: es una comunidad con memoria, que conoce el valor de su territorio y que está dispuesta a defenderlo de los apetitos políticos y económicos que lo amenazan.

Además, ese fallo de tutela es apenas una primera instancia de lo que será un largo proceso judicial. Así que el triunfalismo de los promotores puede convertirse en otra derrota. La justicia, aunque lenta, puede corregir el rumbo cuando las comunidades se mantienen firmes en la defensa de sus derechos. Y en este caso, son miles de voces las que exigen ser escuchadas antes de que se imponga un modelo de desarrollo que no las representa.

Por ello, la verdadera discusión debería centrarse en cómo construir gobernanza territorial desde la participación y el diálogo, no desde la imposición. El Oriente Antioqueño merece procesos de planificación que respeten sus particularidades, que reconozcan la diversidad de sus municipios y que garanticen que las decisiones sobre el futuro del territorio se tomen con la gente y para la gente. La legitimidad no nace de un fallo judicial, sino del consenso social y de la transparencia en la gestión pública.

El intento de imponer el Área Metropolitana del Oriente mediante una tutela no solo representa un atropello jurídico, sino también una afrenta ética y política contra las comunidades del Oriente Antioqueño. Es una vergüenza que, en lugar de fortalecer la democracia territorial, se recurra a mecanismos que la debilitan. Frente a esta situación, la respuesta debe ser clara: defender el derecho de los pueblos a decidir sobre su territorio, exigir participación real y recordar que ningún negocio, por lucrativo que sea, puede estar por encima del bienestar colectivo y de la memoria histórica de una región que ha sabido resistir y construir desde abajo.

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