Un presente que enseña el camino de la paz y la reconciliación

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El Oriente Antioqueño

Un presente que enseña el camino de la paz y la reconciliación

Conocí el oriente antioqueño a principios del siglo XXI, en medio de las batallas libradas entre los diferentes grupos armados que en alguna época se disputaron el territorio. Eran los tiempos en que se enfrentaban, por el dominio estratégico de lo que se conoce como la autopista Medellín-Bogotá, desde el Carmen de Bivoral hasta el Magdalena Medio, las guerrillas de las FARC y el ELN, contra la entrada a sangre y fuego del Frente paramilitar José Luis Zuluaga de las llamadas Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio.

Conocí de primera mano, el movimiento ciudadano por la paz que emergía con fuerza para oponerse con toda la radicalidad de la noviiolencia y la participación ciudadana, a las atrocidades que dejaba la guerra: secuestros, asesinatos, desapariciones forzadas, desplazamiento, confinamientos, entre otras violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, que habián sacudido a la región desde décadas atrás pero que se aumentaron considerablemente, con la llegada de los paramilitares al mando de alias Macguiver.

Erán época dificiles de las cuáles vienen a la memoria, expresiones desafiantes de la ciudadanía que se resistian y rompian las medidas de hambre y confinamiento impuestos por los graupos armados. Eran momentos de las caravanas humanitarias organizadas por REDEPAZ y la Mesa por la Vida de Medellín, quienes acompañados de un valeroso grupo de ciudadanos locales, se atrevieron con bandera blanca en mano adornada con el logo de “territorio de Paz”, a romper los cercos, a evadir los retenes y a llegar a las comunidades con ayudas humanitarias previamente recolectadas. No se podía esperar nada menor de un pueblo que, desde la década de los 60, a través de ejercicios como el Movimiento Cívico del Oriente, ya había expresado sus inconformismos ante la imposición violenta de los llamados proyectos de desarrollo ligados a las hidroeléctricas.

Este espiritu de paz, fue cogiendo forma hasta desatar en medio de la confrontación y alimentada con el espiritu de la constitución nacional, lo que se conoció como Asambleas Municipales Constituyentes y la Asamblea Provincial Constituyente. “El Oriente”, como se le conoce, comenzó un proceso de soberanía popular que marcó la historia de la región y le enseñó al país los caminos posibles de la paz terrotorial. Ya los grupos armados y quienes les respaldarón con intereses económicos y políticos haciendo daño y victimizando a la comunidad, no estaban solos en el territorio, sino que estaba creciendo un pueblo que enamorado de los anhelos de paz y reconciliación se atrevía a pensar, a participar y a actuar diferente.

Recuerdo mucho los encuentros nacionales de procesos constituyentes desarrollados en Sonsón. Cientos de colombianos y colombianas, procedentes de más de 400 municipios se congregaron en esa hermosa población. Hubo mucha deliberación y mucha fraternidad, también hubo fiesta y regocijo. En el Oriente se estaba engendrando un nuevo ser, fruto del amor y la esperanza, el constituyente primario, la ciudadanía que propone, interpela y cogobierna, estaba tomando forma para asumir con fuerza el poder de decisión. Surgió la Asamblea Constituyente de Oriente, las mesas de víctimas para la participación y la reconciliación, el laboratorio de paz, el movimiento madres por la vida, y muchos procesos veredales, municipales y regionales.

Las guerrillas habian sido derrotadas y/o expulsadas del territorio por una combinación de fuerzas entre los paramilitares y el ejercito, cofrontación que no distiguió a los combatientes de los civiles o los confudió al propósito, para despojar tierras, exterminar movimientos sociales y debilitar el naciente movimiento ciudadano por la paz en todas sus expresiones. Luego vino la desmovilización de los grupos paramilitares. Esta combinación de fuerzas, respaldada desde el discurso político por los poderes económicos presentes en la zona, continuó con un proceso de deslegitimización, señalamiento, estigmatización de los procesos constituyentes a nivel local y nacional, que impidió su consolidación.

Este “Oriente” constituyente y participativo, que nos convoca a la vida y al nacimiento diario de un nuevo ser, el territorio y su gente que aún siguen creyendo y trabajando por la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición, ha significado no solo la expresión decidida de un pueblo que quiere y trabaja por la paz, sino fundamentalmente la eseñanza hecha práctica en defensa de la vida y de trabajo por la reconciliación, de eso son ejemplos, los procesos de reparación colectiva como el del Comité Cívico de Oriente o la repación colectiva en Granada, que unidos a todas las fuerzas vivas que sobrevivieron a las violencias, resistiendo y persisitiendo, seguiran desmotrando que más allá de los proyectos de “desarrollo” impuestos y de los discursos que aún convocan a la guerra, existe un pueblo que ama la paz, que quiere y defiende el territorio y su cultura, que desea avanzar en mayores niveles de participación ciudadana, equidad y justicia social.

LUIS EMIL SANABRIA DURAN.

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