A SACAR TODAS LAS RESERVAS MORALES A LAS CALLES

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Raúl Ramírez

Periodista – Cali

Ayer fue un día histórico y muy esperanzador en el país: miles y miles y miles de personas salieron a reclamarle a Duque que retire la nefasta reforma tributaria. Lo hicieron pese a los días previos de una bárbara represión donde, solo en Cali, han caído asesinados más de diez manifestantes.

El gobierno, para rotular a esos asesinados como «vándalos», ha dejado con antelación la ciudad a merced de bandas de saqueadores que nada han tenido que ver con los reclamos de la protesta. Por doquier circulan videos donde se ve a civiles disparando en medio de un escudo de protección policial, hordas destrozando y quemando cuanto bien público o privado encuentran a su paso. Hay una burda estrategia de desamparar todo para implementar la macabra política de que hay que militarizar las ciudades.

Y anoche, luego de un día de marchas y concentraciones pacíficas, Duque pasó a ese segundo momento: ordenó la militarización de las ciudades.

Duque, además de sordo a los reclamos populares, además de torpe en su visión de los hechos, además de sumiso a toda orden que salga del Ubérrimo, es ciego a lo que ocurre en Cali: aquí hay cultura, música, alegría, paz en las movilizaciones. Bien le haría que uno de los tantos infiltrados policiales que manda a la Loma de la Cruz le dijera que allí solo se ven rostros bellos y pacíficos reclamando el derecho a un futuro digno.

A la orden de Duque de sacar a los militares a la calle hay que responder con más paz. La ciudad, el país está en el reto de sacar todas sus reservas morales a las calles. Hablo de los magistrados y operadores de justicia dignos, hablo de los políticos decentes, hablo de la prensa honesta, hablo de los religiosos que verdaderamente siguen a Cristo, hablo de ese gran país que dice «los buenos somos más»..Es hora que Duque y el uribismo entiendan que esto no es una dictadura en la cual, además de haber asaltado todos los poderes, se puede disparar a diestra y siniestra.

Es hora de redoblar nuestra presencia en las calles, no dejar solos a esos jóvenes, hombres y mujeres que resisten el paso de los bárbaros.

Es hora de detener el asesinato de más caleños, como el del joven cuñado de un policía, el de ese adulto mayor pensionado de la Policía, o violaciones como la que padeció la joven hija de un policía.

Los bárbaros no escogen a sus víctimas. La próxima puede ser usted, una de las reservas morales que se necesitan activas, no ahí espectadoras de cómo se desmorona este país.

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