El pasado miércoles en la madrugada sucedió un hecho en San Luis sin precedentes en los últimos veinte años en el Oriente Antioqueño. Se trató del rescate de un presunto sicario por parte de ocho miembros del autodenominado «Ejército Gaitanista de Colombia-EGC», Frente «Gener Morales» quienes, en pleno Parque Principal, y a escasos metros del Comando de la Policía, se lo arrebataron a dos miembros de la Policía Nacional que ya lo habían capturado en flagrancia y se dieron a la fuga.
Los hechos sucedieron cuando el primer bus intermunicipal, que hace la ruta San Luis-Medellín, estaba por salir del Parque Principal de San Luis, donde viajaba un joven, presuntamente del grupo delincuencial «El Mesa», que hace presencia en varios municipios de la Región y que contaba con medida preventiva de aseguramiento consistente en casa por cárcel. Que, según versiones oficiales, viajaba a Medellín a una cita médica. El bus fue abordado por un sicario, presuntamente del EGC, para matarlo.
Todo quedó registrado en un video de vigilancia, que fue divulgado por varios Medios Nacionales y Regionales, que muestra de esta lamentable película de horror que nuevamente empiezan a vivir las comunidades de los municipios periféricos de nuestro Territorio. Y digo nuevamente, por qué hace dos décadas la institucionalidad desapareció y fueron los actores armados los que impusieron, a sangre y fuego, su poder por encima del mismo Estado. Recordamos que los alcaldes no podían gobernar en sus pueblos y la Autopista Medellín-Bogotá permaneció cerrada por largos meses.
Los policiales de servicio, en ese momento como se puede ver en el video, abordaron el bus y capturaron al sicario, pero cuando lo bajaron y estaban realizando la respectiva requisa apareció una camioneta blanca, de alta gama, y una moto para quitárselo a los dos uniformados montarlo a la camioneta y salir como «pedro por su casa» del pueblo.
El mensaje que envían a la institucionalidad del país, a sus Fuerzas Militares y Policiales, con este rescate es, sin duda alguna, que el autodenominado «Ejército Gaitanista de Colombia» tiene el poder militar y el control territorial absoluto en San Luis.
Pero también se pasean como «pedro por su casa», y sé que voy a escuchar muchas voces de descalificación de muchos funcionarios por esta afirmación, en San Francisco, Cocorná, Granada, San Carlos, San Rafael, Guatapé, El Peñol, Concepción, Alejandría, Argelia, Nariño, Abejorral, Sonsón, Santuario, Marinilla, Carmen de Viboral, San Vicente, Guarne, Rionegro, La Ceja, El Retiro y La Unión.
En otras palabras, hacen presencia en todo el Oriente Antioqueño que, además, al parecer, es el nuevo laboratorio de consolidación del proyecto ilegal de Antioquia y de Colombia. Sí en los 90 fue la Región de Urabá la zona estratégica para la creación del modelo paramilitar, hoy es este Territorio, del Oriente Antioqueño, donde se incuba una nueva estrategia de copamiento militar, político y económico por parte de los ilegales, con tácticas como las mostradas en San Luis el pasado miércoles.
Los Organismos de Inteligencia del Estado tienen conocimiento de, por lo menos, dos cumbres ilegales en los últimos meses en el Oriente Antioqueño, en las que se han reunido mandos militares, políticos y económicos para afianzar las estrategias de expansión ilegal en el Territorio. La primera es de público conocimiento, porque la filtraron muchos Medios de Comunicación y se dio en Santa Ana de Granada y, sobre la segunda, aún hay total silencio de las autoridades.
Es por eso que lo sucedido en San Luis es un mensaje contundente a la institucionalidad regional y nacional, que debe ser asumido con toda seriedad por parte de las autoridades antes de que sea deslegitimado, nuevamente el mismo Estado y sus instituciones.
No me explico el silencio del Señor Gobernador y de otras autoridades regionales y nacionales frente a este gravísimo hecho.
Desde este Medio Periodístico Independiente nuevamente hacemos el llamado a los gobiernos Departamental y Nacional para que cumplan con su deber constitucional de defender la vida de los ciudadanos para que el Territorio y sus comunidades no vivan el Déjà vu que se escenificó esta semana desde San Luis.
Esperemos que el Consejo Nacional de Seguridad del próximo 12 de septiembre, en el Teatro Regional «Valerio Antonio Jiménez» de Marinilla, convocado por la Comisión II del Senado de la República, en un ejercicio de Control Político, sirva para juntar voluntades en la defensa y protección de la Sociedad Civil.
Que el negacionismo institucional, o el silencio cómplice, no nos haga repetir la historia trágica de hace apenas dos décadas en el Oriente Antioqueño.
