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EDITORIAL/Hoy no habrá Consulta Popular para el AMO

Esta es una fecha simbólica para el Oriente Antioqueño. No se abrieran las urnas para la Consulta Popular que pretendía crear el Área Metropolitana del Oriente (AMO), una figura que, pese a su aparente carácter técnico y de planificación regional, resultó carecer de un elemento esencial en toda democracia: la participación del pueblo. La decisión…

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Esta es una fecha simbólica para el Oriente Antioqueño. No se abrieran las urnas para la Consulta Popular que pretendía crear el Área Metropolitana del Oriente (AMO), una figura que, pese a su aparente carácter técnico y de planificación regional, resultó carecer de un elemento esencial en toda democracia: la participación del pueblo. La decisión del Gobierno Nacional de frenar este proceso, interpretando la Constitución de 1991, fue más que un acto jurídico de no desembolsar los recursos necesarios; fue un reconocimiento al principio fundamental de que la soberanía reside en el Constituyente Primario, es decir, en la ciudadanía.

Durante más de año y medio, las conversaciones que dieron origen al proyecto del AMO se realizaron de espaldas a la ciudadanía, entre funcionarios de la Gobernación de Antioquia, alcaldes de ocho municipios y representantes de los gremios empresariales. Este secretismo atentó contra la esencia participativa que la Constitución consagra y debilitó la legitimidad del proceso. La falta de espacios de deliberación pública y de consulta abierta con las comunidades generó desconfianza y rechazo, especialmente entre las organizaciones sociales que, desde hace casi tres décadas, han manifestado su oposición a este tipo de figuras impuestas desde arriba.

La democracia no puede reducirse a la simple convocatoria a las urnas. El voto, por sí solo, no sustituye la participación activa en la construcción de los proyectos colectivos. La legitimidad de una decisión política depende del proceso que la antecede: del diálogo, la inclusión y la transparencia. En este caso, la Consulta Popular parecía orientada más a validar una propuesta ya definida desde afuera del territorio que a recoger las voces y necesidades reales de la región. Políticos y empresarios promovieron la iniciativa como una “elección más”, confiando en el poder de la propaganda prepaga y los eventos mediáticos a pocas semanas del voto ciudadano en la Consulta, sin advertir que el alma de la democracia no se compra ni se manipula: se construye con la gente.

Además, el modelo de desarrollo implícito en el proyecto del AMO —la expansión de la malla urbanizable en ochenta kilómetros y el incremento de la población a dos millones y medio de habitantes en veinte años— refleja una visión economicista que prioriza la urbanización y el crecimiento demográfico sobre la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de las comunidades. Este tipo de propuestas, al no ser discutidas con la ciudadanía, reproducen una lógica de exclusión donde los habitantes del territorio se convierten en meros espectadores de decisiones que transforman su entorno. Por eso se cayó la Consulta de hoy 9 de noviembre y por eso todos los puestos de votación estan cerrados.

Mucho más grave resulta el intento de imponer, por vía de tutela, una figura ilegítima para la región, en un esfuerzo desesperado por legalizar un proceso que nunca fueron capaces de legitimar con la ciudadanía. Este tipo de acciones no solo desconoce la voluntad popular, sino que erosiona la confianza en las instituciones y vulnera los principios democráticos que exigen transparencia, participación y deliberación colectiva. Pretender que una decisión judicial supla la ausencia de respaldo ciudadano es ignorar que la legitimidad no se decreta: se construye con la gente, en el diálogo abierto y en el reconocimiento de las voces diversas que habitan el territorio

La lección que deja este episodio es profunda. Ninguna forma de asociatividad regional, por moderna o conveniente que parezca, puede construirse de espaldas al pueblo. El Oriente Antioqueño necesita mecanismos de integración que respondan a sus verdaderas dinámicas sociales, culturales y ambientales, pero estos solo serán legítimos si nacen de un proceso participativo genuino. Es hora de pasar del ciudadano votante al ciudadano constructor de su historia.

Se abre hoy, entonces, una gran oportunidad: la de construir entre todos una figura democrática que represente las verdaderas necesidades de las comunidades y en la que se incluyan los veintitrés municipios del Oriente Antioqueño para planificar de manera conjunta el desarrollo, proteger el territorio y superar las brechas sociales que aún dividen a la región. Solo a través de la participación amplia, consciente y deliberativa será posible forjar un proyecto regional con alma, con pueblo y con futuro.

¡Desde Oriéntese Periodismo de Opinión, que mostro a través de la Maratón de Voces Ciudadanas algunas de las miles de voces en contra de esta figura, festejamos esta fecha como una victoria ciudadana en contra de los intereses políticos y económicos de unos pocos!

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