La reciente publicación en los medios digitales de la Alcaldía de Guarne, en la que se invita a votar “sí” por el Área Metropolitana del Oriente (AMO) bajo el lema “Por la defensa del agua y los ecosistemas una autoridad metropolitana podrá implementar políticas ambientales conjuntas y más efectivas”, ha generado una profunda polémica en la región del Oriente Antioqueño. Esta comunicación, lejos de disipar las dudas, ha confirmado las sospechas de diversos sectores sociales y ambientales que ven en la propuesta del AMO un interés que trasciende la gestión ambiental y se orienta más hacia el control territorial y urbanístico.

El discurso ambiental, utilizado como argumento principal por los promotores del AMO, resulta atractivo en una época donde la sostenibilidad se ha convertido en un imperativo global. Sin embargo, al analizar el contexto político y económico de la región, surgen serias dudas sobre la autenticidad de tales intenciones. La mención explícita de la “defensa del agua y los ecosistemas” podría interpretarse como una estrategia retórica para legitimar un proyecto que, en el fondo, busca centralizar el poder de decisión sobre el suelo y las políticas ambientales, desplazando a instituciones ya consolidadas como Cornare, autoridad ambiental nacida del movimiento social y legitimada por las comunidades de toda la región..
El temor de que el AMO pretenda asumir competencias ambientales responde a un análisis lógico de los procesos metropolitanos en otras regiones del país. La experiencia demuestra que la conformación de áreas metropolitanas suele estar acompañada por una expansión acelerada de la frontera urbana, la flexibilización de las normas de uso del suelo y el fortalecimiento de intereses inmobiliarios. Así, lo que se presenta como un modelo de integración regional y sostenibilidad, se convertirá en una puerta abierta para la “selva de cemento” que hemos denunciado.
Frente a ello, la decisión del Ministerio de Hacienda y el Gobierno Nacional de detener la Consulta Popular sobre la creación del AMO aparece como un acto de prudencia institucional. Esta pausa permitirá analizar con mayor profundidad los aspectos técnicos, jurídicos y sociales del proyecto, evitando que una decisión de tan alto impacto territorial se tome bajo la presión de intereses particulares o bajo una narrativa ambiental instrumentalizada.
Y da mucha tristeza que sea, precisamente, un líder de la región, exalcalde de uno de los municipios con más brechas sociales y exdirector de Cornare, quien esté detrás de esa jugada macabra para el Oriente Antioqueño. Resulta doloroso ver cómo alguien que en su momento representó el liderazgo local y el compromiso ambiental, hoy se asocie con un proyecto que amenaza con concentrar el poder y poner en riesgo el equilibrio ecológico y social de la región. Su participación no solo mina la confianza ciudadana, sino que evidencia cómo los intereses políticos y económicos pueden desviar el sentido original del servicio público.
Mientras tanto, las comunidades y organizaciones sociales del Oriente Antioqueño hemos propuesto avanzar hacia un modelo alternativo de integración regional, basado en la “juntanza democrática”. Esta perspectiva busca fortalecer la planificación participativa del desarrollo, priorizando la protección del territorio, los recursos naturales y la autonomía local frente a los grandes capitales urbanizadores y los intereses políticos hegemónicos. En lugar de una estructura metropolitana centralizada, se propone una red de cooperación entre municipios que garantice el equilibrio entre el progreso y la sostenibilidad.
El debate sobre el Área Metropolitana del Oriente no puede reducirse a una simple disyuntiva entre estar “a favor” o “en contra” de la democracia participativa reducida a un pírrico 5% o del desarrollo medido en bultos de cemento. Lo que está en juego es el modelo de territorio que se quiere construir para el futuro: uno subordinado a los intereses inmobiliarios y a la concentración de poder, o uno que respete las vocaciones ambientales, sociales y culturales del Oriente Antioqueño. La verdadera defensa del agua y de los ecosistemas no se logra con discursos institucionales, sino con una gestión pública transparente, participativa y profundamente comprometida con la vida y el bienestar de las comunidades.
Dijimos que uno de los objetivos de los impulsores del AMO era Cornare y ellos mismos, muy a pesar de haberlo negado como Judas, con la publicación en las redes sociales del Municipio de Guarne, nos dieron la razón.
