El aumento de homicidios, a través del sicariato, especialmente a plena luz del día y en lugares públicos de los cascos urbanos, en el Oriente Antioqueño, ha prendido las alarmas de la ciudadanía en las últimas semanas, aumentando el temor colectivo y, por supuesto la desconfianza ciudadana.
La audacia con la que los asesinos han ejecutado sus acciones criminales en El Peñol y San Carlos dan muestra clara de la falta de respeto por la Ley y una subestimación enorme de la acción de la Fuerza Pública.
Según cifras oficiales, en el periodo 2020-2023 se produjeron más 600 homicidios en el Oriente Antioqueño. Sin embargo, la explicación dada por todos los mandatarios, posterior a los muy publicitados Consejos de Seguridad, especialmente en El Carmen de Viboral, Rionegro y Marinilla, para citar solo algunos, fue que obedecían a la disputa por el control del microtráfico y que eran hechos aislados.
No olvido la explicación del entonces Comandante del batallón Juan del Corral, TC. Manuel Espejo, cuando me invito a Puente Linda, en Nariño, en medio del accionar de Alias «Camilo» y su estructura delincuencial, para decirme: «Como puede observar, periodista, el poderío que se le indilga a ese sujeto es una falacia. Aquí puede llegar la Fuerza Pública, sin ningún problema y a cualquier hora». Estamos hablando del mismo grupo que convirtió a los municipios de Argelia y Nariño en pueblos fantasmas durante todo un fin de semana, que extorsionó a todos los comerciantes y que asesinó a decenas de habitantes antes de que hubiese la voluntad política, y la acción decidida, de desmantelar esa estructura y capturar a Alias «Camilo» y sus secuaces. Aunque la verdad sea dicha para el dolor de las víctimas, aún los testaferros siguen como pedro por su casa.
Como no recordar la Rueda de Prensa en la que el Exalcalde del Carmen de Viboral afirmó que: «En el Cañón del Melcocho no había estructuras armadas ilegales», y un día después el Ejercito Nacional emitió un comunicado donde confirmaba la captura de dos miembros de una estructura ilegal, con base en esa zona, en medio de una extorsión en pleno Centro de Rionegro.
Ese libreto, repetido en todas las ruedas de prensa y reproducido por la mayoría de los Medios Regionales, que se dedican a reproducir comunicados sin ninguna investigación, nos creó una cortina de humo y nos alejó de un análisis más profundo que permitiera advertir, y prevenir, el resurgimiento de actores armados ilegales de carácter nacional en la Región, con un acelerado crecimiento y copamiento de toda la Región.
Hoy el Oriente Antioqueño, en su conjunto, tiene un engranaje ilegal bastante sofisticado qué, nuevamente, ha permeado la institucionalidad y siembra de terror y muerte a la población en las diferentes subregiones de este Territorio.
Así, por ejemplo, las Subregiones de Bosques y Paramo son productoras de hoja de coca, lo que no es un secreto para nadie. En la Subregión de Embalses se transforma en cocaína, los reportes oficiales de destrucción de laboratorios así lo demuestran y, se lava el dinero en el boom inmobiliario del Altiplano donde, además, las oficinas de Planeación Municipal juegan un papel muy importante otorgando licencias de construcción a diestra y siniestra, cambiando a la medida de los constructores las normas urbanísticas de los municipios.
Es urgente y necesario establecer una estrategia regional y dejar de analizar los homicidios ocurridos en los municipios como casos aislados. No se puede mantener el discurso público en un simple enfrentamientos entre bandas por el control del microtráfico. Y, es muy clara la necesidad de intensificar una labor de inteligencia decidida y contundente, para poder asestar golpes reales, no solo a las estructuras criminales, sino a su multimillonaria economía ilegal.
Y lo primero dentro de esa estrategia necesaria será identificar claramente los actores delincuenciales asentados en el Territorio. Desde hace muchos meses se viene publicando que todo lo que sucede en el Territorio es responsabilidad del «Clan de Oriente» y tengo que decir, con toda claridad y después de meses de investigación periodística, que ese grupo armado ilegal NO EXISTE, es un invento más para desviar, sospechosamente, la atención, y la acción, sobre los verdaderos actores que hacen presencia en la Región.
Hoy existe un enorme desafío a la institucionalidad de la Región que esperamos sea superada de manera conjunta por la misma institucionalidad, para que no se repita lo ya ocurrido en el pasado doloroso para todos cuando fuimos testigos y, muchos víctimas, de la claudicación de las instituciones frente a los actores armados ilegales con miles de asesinatos y desplazados, y con los pueblos desolados.
La captura de dos Agentes de la Policía Nacional activos en un operativo esta semana en el Carmen de Viboral, supuestamente, responsables del asesinato en octubre pasado de un generador de opinión invita a la misma Fuerza Pública a hacer una exhaustiva investigación interna. No se explica el accionar delictivo de estructuras armadas ilegales nacionales sin la vinculación, por acción o por omisión, de agentes estatales.
Mantener hoy el negacionismo, de los mandatarios anteriores y de los funcionarios responsables de la seguridad en el Oriente Antioqueño, será perder la legitimidad institucional y sembrar la desconfianza colectiva.
