Hoy se lanzó, desde Marinilla, una propuesta muy audaz por parte de diferentes líderes políticos, empresariales y sociales de los municipios de Marinilla y El Peñol. Más allá de un anuncio coyuntural, este hecho representa el resurgir de una discusión histórica que, por décadas, ha acompañado a los habitantes y visitantes de la zona de embalses: la urgente necesidad de una solución estructural a los problemas de movilidad que afectan la región, especialmente en temporadas de alto flujo turístico.
La iniciativa propone que la vía Marinilla–El Peñol sea entregada por la Gobernación o por la Nación a los municipios, con el objetivo de desarrollar una Alianza Público-Privada (APP) que permita construir una nueva carretera por la margen izquierda del Río Negro. Esta alternativa no solo busca descongestionar la vía actual, sino también transformar la experiencia de acceso a uno de los destinos turísticos más importantes del departamento. Durante años, el desplazamiento hacia esta zona se ha convertido en un verdadero viacrucis, con trancones que pueden prolongarse por horas, afectando tanto la calidad de vida de los residentes como la competitividad turística del territorio.
Es importante resaltar que esta propuesta no surge de la improvisación. Por el contrario, ya se encuentra en fase 3, con viabilidad técnica y ambiental, y ha sido objeto de discusión en administraciones anteriores. De hecho, en la pasada gobernación se estuvo a días de otorgarle viabilidad administrativa y presupuestal a esta obra necesaria para la región; sin embargo, detalles de último momento impidieron que el proceso se concretara. Este antecedente evidencia que no solo se trata de una idea sólida, sino también de una oportunidad que el territorio ha estado muy cerca de materializar.
Este nivel de madurez la convierte en una opción concreta y lista para avanzar hacia su ejecución. No obstante, el panorama actual presenta tensiones institucionales, pues desde la Gobernación se ha optado por impulsar una alternativa distinta que, según los promotores de la iniciativa, aún está lejos de alcanzar la viabilidad necesaria. Esta divergencia no solo retrasa la toma de decisiones, sino que prolonga la incertidumbre frente a un problema cotidiano que exige soluciones urgentes.
La relevancia del encuentro en Marinilla radica también en la convergencia de actores clave que decidieron respaldar la propuesta. Líderes reconocidos a nivel regional y nacional se reunieron para analizar las distintas alternativas y consolidar un grupo promotor que impulse el proyecto. Entre ellos se destacan el alcalde de Marinilla, Julio Serna, Mons. Francisco Ocampo, Carlos Eugenio González, Joel Moreno, Luis Alberto Gómez y Víctor Hugo Jiménez, quienes asumieron el liderazgo de este proceso. A la reunión también asistieron concejales de Marinilla y El Peñol, así como funcionarios públicos, lo que evidencia un respaldo institucional significativo. Aunque la alcaldesa de El Peñol no estuvo presente, siete de los once concejales sí asistieron y se comprometieron a impulsar las conclusiones de la reunión, lo que refleja una voluntad política importante desde el ámbito local.
Adicionalmente, en la reunión se escucharon voces que subrayaron la necesidad de integrar a los municipios de Guatapé y San Rafael dentro de la iniciativa, con el fin de que la solución vial no sea parcial, sino verdaderamente integral para toda la zona de embalses. Esta perspectiva amplía el alcance del proyecto y reconoce que los problemas de movilidad no se limitan a un solo corredor, sino que afectan de manera sistémica a toda la subregión, especialmente en temporadas de alta afluencia turística.
Asimismo, se dejó absolutamente claro que esta iniciativa no pretende oponerse a la propuesta del gobernador de desarrollar la vía Santuario–Campamento. Por el contrario, los promotores enfatizaron que se trata de abordar un problema distinto, arraigado desde hace décadas en el corredor Marinilla–El Peñol–Guatapé–San Rafael, para el cual ya existe una alternativa viable. En este sentido, insistieron en que los propios municipios, mediante alianzas con el sector privado, tienen la capacidad de ejecutar el proyecto de manera eficiente. Por ello, solicitaron tanto a la Gobernación como a la Nación que les otorguen la posibilidad de liderar esta solución, la cual, además, podría generar importantes recursos a través de peajes, destinados al financiamiento de otros proyectos sociales en la región.
Este tipo de articulación entre sectores públicos, privados y sociales es fundamental para el éxito de proyectos de gran envergadura. La figura de la APP, en particular, ofrece una oportunidad para combinar recursos, conocimientos y capacidades, permitiendo acelerar la ejecución de obras que, bajo esquemas tradicionales, podrían tardar muchos años más. No obstante, su implementación requiere voluntad política, transparencia y una visión compartida del desarrollo regional.
En este contexto, la reactivación de esta propuesta no solo pone sobre la mesa una solución técnica, sino que también abre un debate más amplio sobre la gobernanza del territorio, la priorización de inversiones y la necesidad de escuchar a las comunidades directamente afectadas. La movilidad no es un asunto menor: impacta la economía, el turismo, el medio ambiente y la calidad de vida. Ignorar su urgencia implica perpetuar un problema que ya ha superado los límites de la tolerancia ciudadana.
La reunión de alto nivel celebrada en Marinilla marca un punto de inflexión en la búsqueda de soluciones para la movilidad en la zona de embalses. Al revivir una propuesta viable, madura y respaldada por múltiples actores —y al ampliar su visión hacia una integración regional más completa— se abre una ventana de oportunidad que no debería desaprovecharse. El desafío ahora será traducir este impulso en acciones concretas, superar los obstáculos institucionales y avanzar hacia una solución que, por fin, ponga fin al histórico problema de congestión en la región.