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SE CREÓ EL COMITE POR EL NO AL AMO

En el contexto actual del Altiplano del Oriente antioqueño, se ha gestado una resistencia organizada y consciente frente a una iniciativa que, bajo el discurso de la planeación regional y el desarrollo armónico, pretende modificar profundamente el rumbo de la vida territorial: la creación del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás. Frente a esta…

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En el contexto actual del Altiplano del Oriente antioqueño, se ha gestado una resistencia organizada y consciente frente a una iniciativa que, bajo el discurso de la planeación regional y el desarrollo armónico, pretende modificar profundamente el rumbo de la vida territorial: la creación del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás. Frente a esta propuesta, surge el Comité Ciudadano por el NO, un espacio de articulación cívica que busca frenar lo que considera una amenaza al bienestar colectivo, la autonomía local y la sostenibilidad ambiental y social de la región.

La propuesta de constituir un área metropolitana, con Rionegro como núcleo rector, supone habilitar más de 80 kilómetros de suelo urbanizable, con una proyección de crecimiento poblacional que alcanza los 2,5 millones de habitantes. Esta magnitud, lejos de ser una estrategia de desarrollo territorial responsable, se presenta como una apuesta por el crecimiento desmedido, impulsada por intereses políticos y empresariales que ven en la expansión urbana una oportunidad de negocio multimillonario. Enmascarado bajo la retórica de una «planeación concertada», este modelo de asociación intermunicipal pretende centralizar el poder decisorio y establecer un control vertical sobre los municipios, con capacidad de veto desde Rionegro, lo que vulneraría la autodeterminación de las comunidades.

Más allá del discurso técnico y de modernización, el proyecto esconde serios riesgos. En primer lugar, la expansión del suelo urbanizable responde más a la lógica del mercado inmobiliario que a las necesidades reales de la población. Esto puede conducir a procesos de especulación, gentrificación y desplazamiento social. En segundo lugar, la magnitud de las inversiones y la opacidad en la toma de decisiones abren una peligrosa puerta al lavado de activos por parte de actores armados ilegales, quienes ya tienen presencia en el Altiplano. Así, lo que se presenta como una oportunidad de integración regional podría convertirse en un dispositivo para profundizar las desigualdades y facilitar la captura del territorio por intereses oscuros.

Además, detrás de la propuesta del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás se oculta un interés político claro: mantener y consolidar la hegemonía de la familia Quintero, que asumiría el control directo sobre la nueva figura asociativa y su aparato burocrático. Esta concentración del poder no solo perpetuaría una élite política en el manejo de los recursos públicos y la toma de decisiones estratégicas para la región, sino que también limitaría gravemente la pluralidad democrática y la representación equitativa de los municipios involucrados. En lugar de fomentar una gobernanza compartida y participativa, se corre el riesgo de instaurar un modelo centralista al servicio de intereses particulares, reproduciendo prácticas clientelistas que históricamente han debilitado las instituciones locales.

El Comité Ciudadano por el NO representa una apuesta ética y política por la defensa del territorio como bien común. Su lucha se inscribe en la necesidad de preservar la soberanía de las comunidades, la integridad ambiental de una región estratégica y el derecho a decidir colectivamente sobre el modelo de desarrollo que se quiere construir. Este comité no se opone a la planificación, sino al modelo excluyente y extractivista que se quiere imponer. Su propuesta es clara: participación real, descentralización del poder y defensa del territorio frente a los intereses privados disfrazados de progreso.

El debate sobre el Área Metropolitana del Valle de San Nicolás no es solo técnico o administrativo, sino profundamente político. En juego están el modelo de desarrollo, la distribución del poder, la sostenibilidad ambiental porque CORNARE desaparecerá como autoridad ambiental en 5 años, según la proyección de crecimiento, y la democracia territorial. El Comité Ciudadano por el NO NO es un obstáculo al progreso, sino una expresión legítima de resistencia democrática frente a una visión del territorio como mercancía.

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