El pasado viernes, durante el 1er Encuentro de Concejales de la Provincia de La Paz realizado en el municipio de Abejorral, viví una experiencia que marcó profundamente mi percepción sobre la forma en que se están manejando los procesos de integración regional en el Oriente Antioqueño. La propuesta del Director de Planeación Departamental, Eugenio Prieto Soto, referente a la próxima firma de un Acuerdo de Gobernanza con los veintitrés mandatarios del Oriente, lejos de generar entusiasmo, despertó una ola de escepticismo y preocupación entre los asistentes más atentos al trasfondo de las iniciativas políticas en el territorio.
Prieto Soto, él funcionario que está al frente del nuevo intento de consolidación territorial desde la Gobernación de Antioquia, presentó la próxima firma, en una fecha por definir, de un nuevo «Acuerdo de Gobernanza», esta vez de los 23 municipio del Oriente Antioqueño como un acto de articulación estratégica de todo el Territorio, pero para muchos no fue más que un intento de legitimar un proceso que nació viciado. El «Acuerdo de Gobernanza del AMO» que se firmó, a puerta cerrada, en el pasado entre los ocho alcaldes convocantes del Área Metropolitana del Oriente (AMO) y la Gobernación, bajo su liderazgo, no solo fue realizado a espaldas de las comunidades, sino que también se convirtió en un ejemplo claro de cómo no se deben construir las figuras de asociatividad territorial.
Lejos de fortalecer la gobernanza y la planificación regional, este tipo de acuerdos realizados en secreto, sin participación ciudadana ni deliberación democrática, han terminado por minar la confianza en los propósitos de una iniciativa que, en el papel, podría tener valor. El intento de Prieto Soto por sumar ahora a los municipios que no hacen parte del AMO no es otra cosa que un ejercicio tardío de maquillaje político. Lo que debería ser un proceso serio, técnico y sobre todo participativo, se ha convertido en una puesta en escena más, donde se repiten los discursos de integración regional sin abordar los cuestionamientos de fondo.
Resulta especialmente preocupante el uso reiterado de conceptos como «solidaridad territorial» para justificar actos que, en el fondo, parecen estar más guiados por intereses políticos y urbanísticos que por el bien común. El gesto del alcalde de Rionegro, presentado como valeroso y desinteresado, no logró engañar a una región que ha aprendido a leer entre líneas. En vez de aplausos, generó burlas y críticas, y no por falta de visión regional, sino por la forma opaca y prepotente en que se intentó imponer.
El ejercicio periodístico que hemos realizado en las últimas semanas en la Maratón de Voces Ciudadanas ha sido clave para dinamizar el debate público sobre la inconveniencia de un Área de Metropolitano (AMO), revelando no solo los riesgos ambientales y sociales que implica su implementación, sino también los intereses oscuros que lo sustentan. A través de entrevistas de los líderes sociales del territorio, hemos visibilizado las voces de las comunidades afectadas y contrastado las narrativas oficiales, evidenciando cómo detrás del discurso técnico se ocultan presiones económicas y políticas que buscan imponer el proyecto a toda costa. Este trabajo colectivo ha demostrado el poder del periodismo ciudadano como herramienta de vigilancia, denuncia y construcción democrática.
Este nuevo intento de firmar voluntades bajo el rótulo de «gobernanza regional» no solo no resolverá la crisis de legitimidad del AMO, sino que probablemente profundizará el desencanto con sus impulsores. Lejos de fortalecer un proyecto de integración, lo debilita, al no partir de una base de confianza ni de construcción colectiva.
Es hora de que desde la Gobernación y las administraciones locales se entienda que los procesos territoriales deben construirse desde abajo, con la gente, con los concejos, con los sectores sociales y productivos, y no en salones cerrados entre políticos de turno. Solo así se podrá hablar de una verdadera gobernanza regional, legítima, transparente y al servicio del desarrollo armónico del Oriente Antioqueño. De lo contrario, continuaremos viendo desfilar bombones de trapo que, más que endulzar el futuro de la región, siguen dejando un amargo sabor de imposición, improvisación y desconfianza.
El próximo 9 de noviembre, el Constituyente Primario del Oriente Antioqueño, en la Consulta Popular, derrotará los intereses de la clase política tradicional y de los urbanizadores que han querido imponer su visión excluyente del territorio. Ese día marcará el inicio de una nueva etapa de concertación amplia y legítima, en la que, ahora sí y de una vez por todas, podremos construir una verdadera juntanza regional. Una juntanza que convoque a los 23 municipios del Oriente, a sus comunidades, sectores sociales y ambientales, para planificar de manera colectiva, autónoma y sostenible el desarrollo del Territorio, con base en el cuidado del agua, la defensa de la vida y la dignidad de sus gentes.
