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EDITORIAL/La noticia no es el 60% para De La Espriella; la noticia es el desgaste de un liderazgo político

Ayer leí el titular: “De la Espriella obtuvo el 60% de los votos del Oriente Antioqueño”. Un titular diseñado para generar impacto y proyectar una imagen de fortaleza política. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en la comunicación política contemporánea, lo más importante no siempre está en lo que se publica, sino en aquello que…

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Ayer leí el titular: “De la Espriella obtuvo el 60% de los votos del Oriente Antioqueño”. Un titular diseñado para generar impacto y proyectar una imagen de fortaleza política. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en la comunicación política contemporánea, lo más importante no siempre está en lo que se publica, sino en aquello que deliberadamente se omite.

Detrás de ese porcentaje existe una realidad política mucho más compleja que merece ser analizada con detenimiento por los habitantes del Oriente Antioqueño antes de tomar una decisión trascendental este 21 de junio.

Si se examinan los resultados con objetividad, el dato verdaderamente revelador no es que De la Espriella haya alcanzado el 60% de los votos en una región históricamente influenciada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, por el gobernador de Antioquia y por el senador Esteban Quintero y su padre. Lo realmente significativo es que ese resultado deja al descubierto las profundas contradicciones y fracturas internas del Centro Democrático.

Resulta difícil interpretar de otra manera el hecho de que la candidata oficial del partido, Paloma Valencia, no haya logrado consolidar el respaldo que, en teoría, debía recibir de los principales referentes políticos de esa organización. Lo sucedido evidencia una práctica que no es nueva dentro del partido y que ya ha sido observada en otros momentos de su historia política. Basta recordar lo ocurrido con la candidatura de Liliana Rendón a la Gobernación de Antioquia, cuando muchos de sus simpatizantes denunciaron que los respaldos públicos no se correspondían con las acciones políticas desarrolladas en privado.

La política está llena de declaraciones de apoyo pronunciadas frente a los micrófonos, mientras las decisiones reales se toman lejos de las cámaras. Por eso, los resultados obtenidos por De la Espriella en el territorio considerado la casa política del expresidente Uribe, del gobernador y del senador Quintero terminan siendo interpretados por muchos ciudadanos como una demostración de que los apoyos expresados a Paloma Valencia fueron más formales que efectivos, fueron el resultado de una traición.

Sin embargo, incluso esa discusión palidece frente a lo que constituye la verdadera noticia electoral del Oriente Antioqueño. Mientras algunos medios centran toda su atención en un porcentaje favorable a un candidato, pasan por alto un fenómeno político que viene creciendo de manera sostenida y que podría transformar el mapa electoral de la región durante los próximos años.

Los más de 68.000 votos obtenidos por el sector progresista en la primera vuelta representan un hecho político de enorme relevancia. No se trata únicamente de una cifra. Se trata de un crecimiento visible en los 23 municipios que conforman la región, precisamente en un territorio que durante décadas ha sido considerado uno de los principales bastiones del uribismo.

Ese avance demuestra que las dinámicas políticas están cambiando. Lo que antes parecía una hegemonía inquebrantable hoy muestra señales evidentes de desgaste. El liderazgo de quienes han dominado la política regional durante años enfrenta una erosión progresiva que comienza a reflejarse en las urnas y que podría profundizarse en los próximos procesos electorales. La segunda vuelta presidencial lo demostrará aún más.

La pregunta fundamental ya no es quién ganó la primera vuelta. La pregunta de fondo es si el Oriente Antioqueño está asistiendo al inicio de una nueva etapa política en la que fuerzas alternativas y progresistas adquieren la capacidad de disputar el poder local en condiciones cada vez más competitivas.

Todo indica que esa tendencia continuará fortaleciéndose en la segunda vuelta. Si ello ocurre, el crecimiento del voto progresista no solo tendrá incidencia en la elección presidencial, sino que también podría convertirse en un factor determinante para las futuras elecciones municipales y regionales.

Por eso resulta llamativo que algunos medios de comunicación prefieran destacar un titular que favorece una narrativa determinada mientras ignoran un fenómeno político mucho más profundo y trascendental. El periodismo tiene la responsabilidad de informar, contextualizar y ayudar a comprender las transformaciones que ocurren en la sociedad, no simplemente amplificar los mensajes que determinados sectores desean posicionar.

La verdadera noticia del Oriente Antioqueño no es que un candidato haya obtenido el 60% de los votos en un territorio históricamente afín a ciertas estructuras políticas. La verdadera noticia es que, en la casa política del expresidente, del gobernador y del senador, una fuerza alternativa logró reunir 68.000 votos y consolidar un crecimiento sostenido en toda la región. Ese es el dato que habla del presente, pero sobre todo del futuro político del Oriente Antioqueño.

Y es precisamente ese futuro el que los ciudadanos deberán evaluar con independencia, espíritu crítico y visión de largo plazo cuando acudan nuevamente a las urnas este 21 de junio.

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