Los pelados y las peladas, nos cambiaron este país

Compartir en redes sociales:

Este país no será el mismo nunca más. A partir del 28 de abril se inició una revolución en esta Colombia del “Corazón de Jesús”. Este gobierno y su partido lograron lo que ningún movimiento, de esos que nacieron en los años sesenta, al calor de los movimientos insurreccionales, pudo hacer. Juntar todos los miedos para que se convirtieran en grito, pancarta y barricada.

Una generación que creció en medio del odio infundido desde los caudillos y el poder, representado en millones de víctimas, testigo de la corrupción que le arrebata las oportunidades, incrédula de las instituciones y sin referentes ciertos.

Los pelaos que están en las calles y que ya lograron la caída de las reformas tributaria y a la salud, el Ministro de Hacienda, la Ministra de Relaciones Exteriores y el Comisionado de Paz, hasta ahora, a los que el gobierno incapaz y su partido llaman vándalos, le están dando una lección enorme de dignidad a Colombia y al mundo.

Gritos contra fusiles, pobres contra poder, David contra Goliath, sin dirigencias que los represente, con su primera línea y los celulares encendidos, han dejado al gobierno, en su conjunto, y a la Fuerza Pública, en particular, muy mal parados frente a la opinión pública y frente al mundo que se manifiesta a diario en contra lo que ya son crímenes atroces de lesa humanidad. El nuevo llamado del Papa Francisco el día de hoy es una demostración.

Desaciertan, y será muy contraproducente, el esfuerzo que hacen desde el gobierno, y su partido, de ponerle nombre y señalar a un responsable, haciéndolo aparecer incluso en la portada de la Revista Semana de esta semana.

Si hay un responsable o responsables, tendrá el gobierno, y su partido, que mirar hacia adentro para darse cuenta que la estrategia del odio se les ha devuelto, que los pelaos y las peladas que crecieron mirando o siendo víctimas de los asesinatos selectivos y colectivos,  los desplazamientos, el robo de tierras y la corrupción están hoy en las calles para gritarles que no quieren más, nunca más, ese país que les construyeron y que tiene hoy veintiún millones de pobres.

Esos pelaos y peladas, ya ciudadanos, nos van a mostrar en el 2022 que otro país es posible.

Que nadie se crea con el derecho de cobrar créditos políticos de las protestas ciudadanas. A los pelaos y peladas los saco a la calle las ganas de cambiarnos este país y así lo harán. No nos quepa la menor duda.

Lo han hecho con marchas, música y poesía y lo harán con sus cedulas de ciudadanía.   

Compartir en redes sociales: